September 13, 2016

La Grandeza De Ser Mamá

Si las mujeres antes de ser mamá, reflexionamos y tomamos consciencia de lo que implica asumir el ser responsable de otra persona, con toda seguridad lo pensaríamos mucho.

Nosotros no elegimos ser mamá. Es el Alma  al querer “volver” quien decide nacer con un padre y una madre determinados (que pueden estar presentes o no) en una determinada cultura, con características, valores y comportamientos necesarios, que  ayudaran a  que ese ser pueda cumplir con su misión de vida o Dharma.

Por eso la responsabilidad va más allá de alimentar, cuidar, procurar bien-estar, expresar afecto y proteger.

La verdadera “educación” debe venir siempre desde nuestro interior, porque es a través del ejemplo, de ser conscientes que tendremos que dar siempre lo mejor de nosotros, de estar abiertos para reconocer el  potencial de nuestros hijo encaminándolo y moldeándolo para que lo pueda utilizar de la mejor manera y así formar seres humanos sanos, íntegros y felices.

Hoy quiero hacerles una nueva confesión: Queriendo ser una mamá perfecta cometí muchos errores.

Mis exigencias en ese momento fueron desmedidas, todo lo quería controlar, todo lo quería perfecto, no había cabida para error alguno y dentro de la gran psico-rigidez que manejaba en mi vida la obediencia, disciplina y cumplimiento total de todos los aspectos era lo único válido y permitido.

Aprovecho esta oportunidad para pedirles perdón a mis hijos. En ese momento creí que hacía lo correcto y aunque estoy muy orgullosa por los grandes e íntegros seres humanos que son, reconozco que se me fue la mano no solo con mis hijos sino con mis sobrinos.

Gracias a mis 2 grandes maestros, por haberme elegido, por haberme permito ser parte de su hermoso recorrido, gracias a su grandeza interior, paciencia y sabiduría hoy SOY LO QUE SOY,  una mamá que aprendió a percibir que los hijos ya vienen listos, que poseen un gran potencial para moldear, que sus sueños no son mis sueños, que tienen una identidad y vida propia, que son seres libres y auténticos, que tienen un corazón lleno de luz y que nosotros sus padres somos los instructores y los guías de una camino que ya traen en su interior.

Volviendo a nuestro tema central.

Recordemos que los miedos de los hijos son los miedos de los padres. Si yo soy una mamá miedosa y todas mis actuaciones las realizo a través del miedo, el mensaje que va a recibir mi hijo es que el mundo es peligroso y entrará a desarrollar infinidad de miedos e inseguridades. Si yo soy una mamá que vive en profunda tristeza y depresión le estoy dando a mi hijo las herramientas para que piense que la vida y el mundo es un lugar triste. Si los padres mostramos agresividad, violencia, intolerancia nuestro hijo recibirá el mensaje de que esa forma de actuar en el mundo, es la correcta.

Por estar el hijo en continúa conexión con la madre, no solo el dar ejemplo es importante ya que aunque el niño no esté presente en el momento en que la mamá  enfrente una situación adversa y que los sentimientos de miedo se disparen, el sentirá ese miedo,  aunque no tenga consciencia de su significado.

Esa conexión que dura hasta los 7 años es la que hace que las altas o bajas vibraciones que se activan en la madre sean  percibidas por el hijo. Después de esta edad el niño ya empieza a individualizar su campo energético pero si lo analizamos, este campo ya está cargado por muchas de las creencias y herencias ancestrales que nos marcarán para el resto de nuestra vida.

Como nosotros de una o de otra manera venimos a recordar, a aprender y a crecer, el hecho de ser madre; no solo significa la gran responsabilidad de “acompañar” a un hijo al crecimiento  y evolución, sino que muchas veces según el roll de madre que tengamos que  desempañar para lograr su evolución, implica que tengamos que actuar de manera contraria a nuestra esencia, teniendo que mostrarnos tiranos, intolerantes e incluso agresivos ya que con esto estaremos cumpliendo a cabalidad con nuestro papel de Madres.

Ser madre para mi hoy, cuando estoy despertando  es darme, es entregarme en amor a todas las circunstancias, es fuerza de voluntad, es incondicionalidad para cuidar aquello que tanto he deseado traer al mundo,  es estar presente  respetando el tiempo, es comprender sus silencios, es enseñar a volar, es vibrar con sus sueños, es acompañar sin ahogar, es estar listo siempre, es alegría, es orgullo, es admiración, es voluntad, es entrega, es aprender a no esperar, es soltar, es mirar y agradecer a Dios infinitamente porque a pesar de las dificultades y los errores sin culpa cometidos, siento la gran satisfacción y el orgullo del deber cumplido. Y es además agradecer a la Divinidad por la sonrisa que me regalan en cada momento, por la mirada transparente y limpia, por los juegos compartidos, por los cantos, por las locuras, de mis dos princesas que llenan cada mañana mi vida de alegría y de amor incondicional y me están dando la oportunidad de enmendar desde el amor, alcahuetear y des-educar.  

Feliz Día de la Madre para todas, las admiro, las quiero y las respeto profundamente.

Con infinito amor,

Beatriz Elena

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Beatriz Elena Navia M. - 2019
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